Conversaciones I

[…] Y un día tiraron seis veces tres monedas sobre la mesa, hicieron unas anotaciones en un papel y luego leyeron el libro del I Ching:

– Parece que lo más importante está en esto de <seguir la huella>.

– Sí, así es.

– <En medio del Lago está el Trueno>

– La imagen simbólica de la calma en el momento justo. Pero los trigramas agregan la honestidad y la perseverancia de la acción.

– En el Lago de los Truenos nació el creador de lo que luego, los sabios, llamaron el I Ching.

– El Emperador Azul…

– El señor del tiempo y el movimiento. Conocedor del tejido del mundo, lector de la trama de hoy es adivinador del mañana.

– Una acción de hoy se inscribe en ese entramado…o quizás ya estaba inscrita. En ella está engranado el sentido que nos une al todo, e indica hacia dónde iremos.

– ¿La huella tal vez?

– Tal vez…los trigramas, hoy enigmas.

– Fuxi, la divinidad con cuerpo de serpiente.

– Y las serpientes son maestras de los caminos, ¿eh?

– Seguiremos la huella, el camino de la serpiente, la sabiduría reptil…pero eso de la perseverancia…las primeras líneas de esta tirada de monedas dicen que es buena, pero las líneas anteúltimas dicen que es mala: no lo entiendo mucho.

– No debe pensarse tanto; debemos tomar lo primero que nos surge al leerlo, así como han caído las monedas, pues eso es lo más simple, como el universo. Si hay que pensarlo, entonces hay que analizar, y sólo se analiza lo que es complejo. Pero, ¿por qué el universo habría de dar algo complejo? El universo es simple, y nosotros en él. Con la mente se hace intervenir el filtro que torna en complejo todo lo que es sencillo.

– Aquí hay palabras y signos, ¿no habías dicho recién que eran enigmas?, ¿cómo entenderlos sin pensar?

– No lo tomés tan literal. Lo que quise decir es que son como imágenes, imágenes simples.

– ¿Cómo captamos esa simplicidad?

– De manera sencilla: sólo hay que seguir lo que los cinco sentidos nos dan inmediatamente.

– Eso es lo que más me costará en el viaje al que nos lanzaremos, ahora que “dejamos todo” y que lo indeterminado ya nos está rodeando.

– ¿A qué te referís?

– A tomar las cosas en su sencillez pero, principalmente, en su inmediatez. Es algo sobre lo que tendré que trabajar, para no quedar atónito, como otras veces.

– Recuerdo una vez que enmudeciste por un buen rato, ¿por qué te quedaste así?

– Cuando me enfrento a cosas desconocidas siento como que me abruman. Pienso que eso tiene que ser un poco así porque ante lo que no se sabe, nada se puede hacer. En general, si uno no sabe de algo, entonces indaga, pregunta o investiga; pero para indagar es necesario saber algo sobre eso que se pregunta o se investiga.

– ¿Por qué?

– Porque si no sabes de algo, tampoco podes preguntar por ese algo: la pregunta por algo supone que es algo, y ser algo es ya un conocimiento. Me disculpo por la generalidad, pero, en resumen, la pregunta por lo desconocido o no tiene sentido o no es completamente desconocido.

– Parece que te dejás llevar por el dramatismo del <dejamos todo>, que más enfatiza en lo aventurero, y te olvidas de la imagen del I Ching: el Trueno en el Lago. Dejas hasta lo que conoces, ¿y dónde quedas?

– Sí, esa es justamente la aventura de este viaje: no estar en algún lado. O tal vez es pasar por todos los lados de esta tierra, que es esférica sin embargo. Es estar en la indeterminación. Y de la indeterminación no nace el conocimiento.

– ¿Qué querés decir?

– Que lo que no tiene una determinación no puede ser sabido.

– Pero, ¿qué es lo que sabés? ¿Cómo sabés que sabés?

– Bueno, el mismo saber es ya un saber: sabés que sabés algo.

– Pero, por ejemplo, yo ahora sé que la rejilla es rosa; pero eso lo sé porque alguien me enseñó, en este mundo, que a tal cosa le llamaban rosa. Sin embargo, lo que yo sé es que en mi mente está la rejilla rosa y no tiene porqué ser igualmente rosada en tu mente. Quizás sean distintos rosas: en mi mente un rosado salmón y en la tuya tal vez sea como el de la flor.

– ¿Y?

– Y, simple: ¿cómo sabés que eso que decís que es rosa es realmente rosa? Es un rosa en tu mente, no rosa en la cosa. Cuanto más, ese es un saber, no de la cosa, sino de lo que te representas de la cosa.

– ¿Una simulación de un saber de algo?

– Algo así. En realidad, es un saber de nada. O mejor dicho un saber de vos, de tu experiencia del rosa que decimos está en la rejilla.

– O sea que si seguimos en esa línea, no se conoce el mundo.

– ¿Qué es el mundo sino lo que uno piensa en su mente que es el mundo? El mundo no es algo, sino lo que percibimos de él. Te preocupás por lo que no sabes del mundo, y lo que importa es el conocimiento de vos que vas ganando en la vida. El único conocimiento verdadero es el conocimiento de tu alma.

– Pero entonces, ¿sobre qué habla el I Ching?

– Justamente, lo que importa no es la trama, sino cómo está el que se interesa en la trama, para saberse a sí mismo, para conocer la única verdad: calma, honestidad, perseverancia.

– Entonces, parece que la nada de este mundo es lo verdadero, ¡oh Fuxi! Emperador de la niebla, dominador de la nada.

– Sólo el alma es la verdad. Así que, te quedás atónito ante la nada, y así le das importancia; incluso, con tu comportamiento, la afirmas. Te desviás de vos mismo, de lo único que hay para conocer. Te perdés continuamente.

– Parece que podés negar todo conocimiento, pero no negás el conocimiento del alma. ¿Cómo llegás a la seguridad de ese conocimiento?

– Es así.

– Esa sí que no es una respuesta válida.

– Y ahora abogás por el Emperador Azul. Parece como que quisieras defender al mundo de la acusación de ilusión.

– Si es lo que me toca…

– Sea. Si el mundo se conoce, entonces parece que, por ejemplo, la teoría de la relatividad dice lo que es el mundo, ¿no?

– Podría aceptarlo para ver hasta dónde llegas; como abogado, tengo mis estrategias.

– Bueno. La teoría dice que la energía de algo es la multiplicación de su masa por el cuadrado de la velocidad de la luz. ¿Cómo se puede percibir eso? Es más, ¿acaso se puede percibir algo tal?

– No podría percibir, ciertamente, un fotón viajando a semejante velocidad, ni tampoco cómo transmuta la materia en luz. Quizás mi defendido, en su intrínseca divinidad, lo haya visto.

– Quizás. Pero, una de las mejores descripciones del mundo habla del mundo como algo imperceptible. Y, ¿qué se hace cuando algo no se percibe? Es simple: se hace intervenir la imaginación, la fantasía. Imaginamos que eso que llamamos mundo es de tal y cual forma, pero no es más que nuestra representación ficticia. Y no es casual que mientras más nos embrollemos en eso, más mente ponemos, más perdidos estamos, y así sucesivamente.

– Por los ciclos de los ciclos, sagrada circularidad.

– Exacto.

– Fuxi, Emperador Azul, sabedor del tiempo y del movimiento, creador de los trigramas que combinados dan la llave con la accedemos al movimiento del mundo. Mundo, movimiento, imaginación, falsedad: en esto hay olor a pachuli. Pero se me ocurre algo.

– ¿Qué?

– Suponte que alguien nos invitara a cruzar un puente y nos indica que se lo cruza en diez minutos; subimos y caminamos por él durante esos diez minutos, momento en el cual nos detenemos ante lo que creemos que es la otra orilla y sin embargo notamos que no hay una orilla, sino nada. ¿Estaríamos en un puente?

– Sería algo extravagante, no estaríamos en un puente realmente.

– Así es como estamos ahora pensando sobre el mundo ficticio. Porque si el mundo es falso, el mundo es nada, entonces no nos podemos relacionar con el mundo. De eso, que resulta extravagante, nos libramos aclarando que al decir que nos relacionamos con el mundo, en realidad, queremos decir que nos relacionamos con nosotros mismos.

– Sea.

– Pero, también decimos que hay cosas en el mundo con las que nos relacionamos; si no hay mundo, no hay cosas. Entonces, las cosas con las que nos relacionamos, la rejilla por ejemplo, son tales que están supuestas en nuestra mente.

– Exacto, todo está en nuestra mente.

– Incluso vos y yo ahora; pero ¿en la mente de quién, la tuya, la mía? ¿La de dios quizás o la de un bonobo que se comió un hongo alucinógeno? Y suponiendo que eso pudiéramos contestarlo, aún me pregunto: ¿cómo puede darse la relación entre algo y la nada?

– Otra vez estás literal. Pero, tal vez no me haya expresado bien. Que el mundo es nada, no significa lo mismo que cuando decimos hay nada en el desierto, sino en el mismo sentido del oropel.

– El mundo, entonces, no es la nada amarillenta si no la amarilla falsedad, ¿quizás en contraposición a la verdad del alma?

– Quizás.

– Pero si del mundo tenemos lo que percibimos, como decías hace un momento, resulta que lo que percibimos es falso.

– La falsedad de la percepción está en decir y creer que lo que percibimos es algo como fotones, átomos, etc., como todas cosas puramente mentadas. Lo real es lo que ahora está pasando mientras nosotros pasamos en ello y con ello.

– ¿Y el alma?

– El alma es aquello que percibiendo, se acerca o se aleja de sí misma.

– Entonces, decimos que el mundo ni es la nada ni es lo falso, sino aquello a lo cual nosotros tomamos de alguna u otra manera. En todo caso, parece que el mundo es una oportunidad para que el alma se reencuentre consigo misma.

– Creo que es así, si ella así lo quiere.

– No debería sorprendernos que tomar y percibir sean muy similares. Cuando estamos entre las cosas, las tomamos de un cierto modo: por ejemplo, a la rejilla la tomamos como aquello para lo que se ha creado, limpiar, y no para volar, ¿no?

– Y sí.

– Es decir, que en esa manera la tomamos como algo que es realmente: es para limpiar. Pero, si nos detenemos ante ella y nos preguntamos por su color, entonces ya la veremos en cierta perspectiva, digamos, desde la paleta del pintor, y constataremos, por comparación, qué color tiene, es decir, de qué color es realmente.

– Puede ser.

– Y así, cuando nos paramos frente a la rejilla y nos preguntamos de qué material es, entonces, la rejilla mostrará algo de su realidad, por ejemplo, si lo hacemos como químicos, haremos pruebas de reacción, y demás. Que la rejilla tiene esas reacciones, a medida que se va descomponiendo, no es negable, a menos que pensemos que la rejilla ya no es rejilla cuando se la descompone.

– Y, la verdad, no lo sé: por cada reacción se le agregan tantos componentes, que su naturaleza material varía notoriamente.

– Es cierto, pero esa pareciera ser la lógica de los procesos productivos. En fin, lo cierto es que el mundo es real, y que su realidad no es falsa sino, de hecho, real.

– Dependerá de cómo lo tomemos y de qué hagamos con ello.

– No podrá ser de cualquier manera.

– La única manera verdadera es la que nos lleva a nosotros mismos.

– Y se dice que más fácil es extraviarse que seguir el camino recto.

– Hay que equivocarse mucho para tener algo correcto.

– Habrá que seguir la huella.

– Y entonces ¿cuál sería para vos?

– Esa que al cruzar el puente nos hace retornar a la misma orilla justo en el momento en que nos vemos subir al puente para cruzarlo.

– Entonces, tal vez, la combinación de los trigramas hace ver en el mundo la posibilidad de verse a sí mismo.

– El ardid de Fuxi.

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