Conversaciones II

Una noche fue su voluntad meditar antes de dormir. Se sentaron cerca de la cabecera de la cama y estuvieron mutados e inmóviles por un tiempo. Luego, se recostaron:

– Esta noche es la misma que la de anoche, ¿no te parece?

– Anoche no existe.

– Bueno…ayer ya pasó y hoy estamos pasándola, como ayer la pasamos, así es que fue real.

– ¿Real?

– Sí; es decir, no como ahora es real, sino como fue ayer.

– ¿Cómo sabés que anoche fue real como hoy?

– Porque recuerdo que así fue.

– El recuerdo es una fantasía, es una imaginación, ahora es lo real.

– ¿Por qué ahora es real y ayer imaginario?

– Porque ahora estamos percibiendo todo lo que por nuestros sentidos recibimos, en cambio el recuerdo es la imaginación que tenemos de algo a lo que llamamos pasado.

– ¿El pasado es imaginación?

– Sí

– ¿Cómo?

– ¿Dónde está eso que decís que es pasado? ¿Estás percibiéndolo ahora como percibís lo que ahora hablamos?… ¿eh?

– Pues, dicho así, no.

– Bueno, así que, si no está en lo percibido entonces está en tu cabeza, en tu mente, y lo que está en tu mente es una imagen que te haces de las cosas, es una imaginación.

– Un espíritu objetivista merodea la habitación, lo veo claramente…ahí está, acaba de hacer acto de posesión de mi mente.

– ¿Qué te pasa?

– Nada, es un juego que combina absurdamente. Pero es que me ha surgido una sugerencia.

– ¿Cuál?

– Que lo que pasó y lo que pasa, pasan en el tiempo, según popularizó sir Newton.

– ¿El tiempo?, ¿qué es el tiempo?

– Es aquello sobre lo que ocurren los hechos.

– ¿Percibís lo hechos?

– Sí.

– ¿Y percibís el tiempo que, según decís, está como debajo de los hechos?

– No como a los hechos.

– Entonces, el tiempo no es real, sino sólo los hechos.

– Un viejo lobo me dijo, recordando al Martín Fierro, que el tiempo no existe, sino que es una invención humana. Como toda invención, tiene una finalidad, y tanto uno como otro pensaban en lo mismo: en que al humano le sirve «por saber lo que ha vivido o le resta que vivir».

– Correcto. Y no olvidemos lo que principia esa estrofa: que el tiempo es eternidad. Claridad meridiana del poético día.

– Olvido y recuerdo. ¿Qué recordamos cuando recordamos y qué se olvida cuando olvidamos?

– Tal como ahora nos ocurre, imaginamos que algo ha pasado, algo que ya no está, que no es real. Porque aquí y ahora estamos nosotros y las cosas que nos rodean al percibirlas. Al imaginar un recuerdo, nos eludimos de lo que ahora somos. El recuerdo es la trampa que nos hacemos para evitar encararnos con nuestra eternidad.

– Siempre tuve la impresión que Newton olvidaba los hechos, por lo que su idea de tiempo no me cerraba. Pero, volviendo al recuerdo, la imaginación y esto que decías recién, me pregunto: lo imaginado ¿sale de cualquier lado? Quiero decir, la imagen que tengo de lo que pasó anoche está formada de todo lo que actualmente estoy percibiendo, la pared y su color, el espacio de la habitación y nosotros en él, sobre la cama, con sus sábanas y frazadas, ¿no es cierto?

– No sé qué pasa dentro de la mente de los demás, pero puedo conceder que así es.

– Entonces, la imagen que tengo está formada por cosas reales, es decir, que es una imagen real. Y me pregunto entonces ¿puede una imagen ser real?

– ¿Cómo podes decir que es real algo que no está aquí sino en tu mente?, ¿cómo comparar algo en tu mente ahora con algo que ya no es?

– Bueno, las cosas que están a nuestro alrededor están porque se presentan como estando aquí, y estando yo acá, percibiendo cómo las cosas se presentan, ¿no?

– Sí.

– Bueno, hay cosas que se presentan en nuestra mente siendo de ayer.

– ¿Cómo sabés que ocurrieron ayer?

– Si concedemos el olvido de la astronomía posterior a Copérnico y recordamos con gratitud la de Ptolomeo, en resumen, hablando de modo geocéntrico, es posible decir: ayer el sol estaba oculto, luego salió, pasó por el cenit, descendió y quedó en el nadir, debajo del océano, como ahora.

– ¿Y qué queres decir?

– Pues, el tiempo así entendido sigue al sol, y curiosamente pasa lo que decía Martín Fierro para ganar la eternidad: el tiempo es una rueda, sin principio ni final.

– ¿Y Newton?

– Y Newton era un geómetra inglés que de Ptolomeo le gustaba la geometría, no su descripción de los hechos. Pero lo mismo podría preguntarte a vos.

– ¿Sobre Newton?

– Sí.

– Newton no existe.

– Pero, ¿cómo es que estamos hablando de algo que no existe?

– Newton es lo que nos enseñaron en la escuela. Es parte de la gran imagen que la sociedad nos va haciendo de las cosas y de nosotros; así engorda la mente y la hace preponderante.

– Para evadirnos de nosotros dirás.

– Exacto.

– ¿Qué sería de nosotros si no hubiera nada de qué evadirse?

– La verdadera realidad.

– ¿Y podría descubrirse algo que está descubierto?

– ¿Qué?

– Quiero decir que, tal vez, si el alma no estuviera aquí, quizás ni sabría que ella es, ni se percibiría. Quizás el alma necesita de todo eso que nos enseñan, de todas estas cosas que ahora percibimos, para poder llegar a sí misma.

– Tal vez.

– Con el tiempo el alma descubre su eternidad. Es el fatalismo anímico.

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