Hasta luego

Entre mis manos tengo el papel con el que anuncio mi retiro del trabajo. ¿Cuántos años pasaron ya? En breve serán diez años. Diez años del sueldo mes a mes, que proyectaron un futuro de tantos años más en esa misma manera. Diez años; en verdad, poco importa el número, sino la seguridad que eso genera. Es una seguridad imperceptible; quizás, sea un sentir continuo, que por su continuidad es insensible.

Una semilla que se plantó hace unos meses atrás, ha echado ya sus primeras raíces y su tallo; irrumpe en aquella seguridad. Algo quiere aprisionarla, contenerla bajo la tierra: son las botas muy nuevas y lustrosas del miedo. Algo estridente suena en el ambiente, algo quiere aturdir su crecimiento, son las palabras que grita la vieja costumbre: «¡No lo hagas, es una locura!». El aire si apenas vibra por un suspiro tan tenue como efímero, hay una secuencia de la trémula duda: no, no, no.

Pero es sí indefectiblemente. Es la fuerza natural la que motoriza a la semilla a ir más allá de lo que hasta ahora es: ¡el azar será movido por el viento! Es el mundo el que llama a la temeridad y nos enseña que nada hay que temer. Es el grito del destino el que guía hacia la meta, hacia el origen. Ser donde debo ser, y será lo que será. Gracias por todo y hasta luego.

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